sábado, 2 de abril de 2011

Cordoba

Escribir todo el día, todo el tiempo, parir historias en todo momento, que broten de mí a raudales, que asusten las calles y los vientos.
Un tembladeral de palabras, una marea de historias vividas y por vivir.
Asco, pasión, belleza, ternura, repugnancia, miedo, dolor, amor y odio.
Gente asustada en las calles, niños perversos leyendo mis historias, viejas linyeras escupiendo la entrada de la Catedral, la muerte cagandose de risa, desempleada.
Un pibito arrebata una cartera a una señora con lentes gruesos, se escapa por la Cañada, se escabulle entre los túneles, y cuando se siente seguro abre la cartera y lo único que encuentra es un cuento sobre su vida, una historia que lo deja helado.
La ninfómana que caza adolescentes en las plazas, se encama con cualquiera en hoteles baratos y cuando vuelve a su casa se tatúa el tamaño de la pija del ultimo que se cogio, y vomita sangre y semen. Podría ser la mujer de un amigo, harta de tanta rutina, todo es perdonable para los que hacen lo que sienten con tanto fervor.
El hombre que vive en un edificio de lujo y por las noches llora porque nada de lo que tiene lo hace feliz como lo hizo feliz esa sirvienta formoseña que le enseño a coger cuando tenia 15 años y después se fue a Formosa de nuevo con un negro que la caga a palos y la tiene a mates y arroz.
Esa mujer que sale a correr por las noches y se acuerda de que alguna vez tuvo un hijo, que ahora esta bajo tierra por las balas de un matoncito de poca monta que creía que con un fierro podía recuperar algo de la dignidad que esta misma señora le robaba todas las mañanas cuando lo veía en la puerta de su edificio vendiendo una revista y le llamaba la cana para que lo saquen de ahí, que daba mal aspecto y lareputamadrequeloparioaesevillerodemierda.

Córdoba no tiene sueños reales, Córdoba se deglute a si misma y en ese estado se pasa la vida pidiéndonos perdón.

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